Yoyito, sé lo que quieras ser…

Y sí, ese lema no es mío: me lo robé de Barbie, esa muñeca que llegó para ser doctora, mamá, deportista, quinceañera, surfista, abogada. Solo tenías que tener esa Barbie e imaginar que eras ella. Al menos eso hacía yo… hasta que ya no lo hice más.

Hasta que tuve que elegir una carrera «que me hiciera ganar plata». O ser abogada porque mi papá era abogado, o ingeniera porque podía entrar a una buena empresa. Tenía que graduarme, tenía que tener un novio, tenía que casarme, tenía que tener una casa y un carro, todo antes de los 30. Y mientras todo eso pasaba, no debía usar ropa apretada, no debía alzar la voz, no debía incomodar. Debía tener un cuerpo perfecto, ser la mejor estudiante, la mejor hija, la mejor hermana, la mejor amiga, la mejor novia, la mejor de las danzas.

Yo solo debía ser un checklist andante, cuyo único rastro humano eran las necesidades biológicas. Y fin.

A los 27 migré a Chile.

A los 29, mi primera crisis existencial.

A los 31, pandemia y mi primera crisis de ansiedad.

A los 36, mi vida simplemente se derrumbó.

Pasaron muchos años y mucha terapia para hacerme consciente de que estuve viviendo mi vida pensando en el otro, armando mi vida para los otros, en función de los otros. Hasta que ya no pude sostener nada más afuera, porque yo no tenía idea de quién era si no sostenía esa imagen de mí misma que resuelve y se hace cargo de todo y de todos.

Y ahí, en medio de esa crisis que vino a romper mi vida emocional, mi vida de pareja, mi vida familiar, me quedé yo, preguntándome:

Si ya no soy hija, jefa, novia, futura esposa, hermana, amiga… ¿quién es Yesilyn?

¿Te lo has preguntado tú alguna vez? ¿Quién eres, más allá de los roles que cumples en tu vida?

Nadie nos ha enseñado a ir a nuestra esencia, a ese ser al que siempre le hablamos —o sea, a nosotras mismas—. Estamos todo el día con nosotras y no sabemos quiénes somos en esencia. Pensamos que somos nuestra historia, nuestras crisis, nuestros éxitos, nuestros errores, nuestros sueños. Pero no: tampoco somos eso. Sí es verdad que todas esas situaciones nos moldean de una u otra forma, pero, a mi forma de ver, tampoco somos eso.

«Pero Yoyo, ¿entonces qué somos?». Ya en este punto yo misma me dije: estás dando muchas vueltas, chuki. ¡Y sí! Pero quiero ser clara en lo que NO somos, para que puedas pensar en lo que SÍ somos.

Somos lo que queramos ser. Somos seres humanos que vienen a vivir esta experiencia humana, que deciden tomar acción en aquello en lo que quieren vivir su tiempo. Mi coach me enseñó que vivimos a través de las acciones que tomamos, que el tiempo es vida, que somos constructores de nuestra realidad, que somos lo que hacemos. Y que aquello que decidimos hacer es lo que somos. Por eso atesoro tanto el lema de Barbie: sé lo que quieras ser… y yo le agrego: y eso no te define.

Amo la idea de levantarme y ser una Yoyito Corporativa, con sus pantalones palazzo, sus Adidas Samba y una polerita linda, hacer proyectos, ir a reuniones. Y luego ser una Yoyito Fitness, luego una Yoyito Cocinera, una Yoyito Nadadora, una Yoyito Yoga… y así puedo seguir sin parar. ¿Y qué es lo importante? Que debajo de todos esos outfits estoy yo: un ser humano que ama, que siente, que ha aprendido a ver sus crisis como enseñanzas —aunque duela muchísimo—, que ama profundamente a su familia, a su pareja, a los zorzales y a las nubes. Que odia el hip thrust, y a su coach el día de glúteos… pero que al terminar la serie se siente poderosa.

Tú, que lees esto, pregúntate: ¿desde dónde te estás viviendo tu vida? ¿Desde ese personaje que te dieron en algún momento, pero que no eres tú?

Hoy te dejo este ejercicio:

Pregúntate: ¿quién eres si sacas todos y cada uno de tus roles? ¿Qué es lo que hay debajo de todo eso? ¿Quién es la maravillosa persona que está ahí, habitándote?

Puedes anotar todos tus roles para observarlos, y luego detenerte a mirarte.

Y si la respuesta no llega, NO PASA NADA.

Obsérvate, y date la oportunidad —si no lo has hecho antes— de conocerte y maravillarte contigo misma.

Yo, por lo menos, aún me estoy aprendiendo a conocer. Y sé que tú también puedes.

Con cariño,
La Yoyo.

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